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Los Microbios Gobiernan el Mundo... Así como los Tanques para Cultivos de Larvas

El interés científico y del público en general sobre el impacto que tienen los microbios en nuestra vida diaria está aumentando. Aunque suena a eslogan publicitario, se podría decir que los microbios son los gobernantes "invisibles" de nuestro día a día.

Por lo tanto, no es sorprendente que la evidencia científica de una fuerte interferencia microbiana en la larvicultura esté aumentando. Por supuesto, está claro que una adecuada nutrición es primordial para el desarrollo de las larvas y el ajuste de los requisitos nutricionales en las etapas larvales y juveniles es un proceso continuo.

Sin embargo, tanto en condiciones experimentales como en condiciones comerciales, se puede observar una gran variabilidad en los resultados productivos, especialmente en la tasa de supervivencia y robustez de las larvas. Esto compromete la viabilidad del cultivo comercial, porque como en cualquier proceso productivo, la consistencia en los resultados es muy importante. Se ha demostrado que esta variabilidad puede reducirse mediante el uso de agentes antimicrobianos, lo que indica que existe una gran contribución microbiana a la falta de reproducibilidad en la larvicultura.

Para que los microbios sean importantes en las interacciones microbios-huésped, uno podría asumir que su abundancia es importante, lo que nos lleva a preguntar cuánta biomasa microbiana se produce realmente mientras se cultivan las larvas. Para esta pregunta aparentemente muy básica, es sorprendentemente difícil encontrar respuestas en la literatura científica. Me permito hacer una estimación basada en el artículo publicado recientemente en Frontiers in Microbiology (“Managing the Microbial Community of Marine Fish Larvae: A Holistic Perspective for Larviculture”). Omitiendo los detalles, se puede calcular que, por cada 30 mg de larvas producidas por litro en el primer mes, se producen aproximadamente 6 mg de biomasa microbiana, lo que parece sustancial. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿son todas esas bacterias malas? La respuesta es simple: depende. La mayoría de los microbios son lo que llamamos mutualistas y solo existen porque tienen comida en el tanque. Algunos de los microbios son patógenos oportunistas, y quizás pocos son realmente patógenos. De modo que todo se reduce a la idea de que necesitamos manejar la comunidad microbiana dinámica en el tanque, intentando favorecer a los microbios mutualistas o incluso a los favorables. ¿Hay alguna herramienta que pueda usarse para lograr esto? Si bien existe una gran falta de conocimiento sobre "quién está ahí en mis tanques", es cada vez más evidente de que se le puede manejar. Entre otros, hay un parámetro importante a considerar en cada momento del proceso de producción: la relación entre el aporte en carbono orgánico por unidad de biomasa microbiana presente en el sistema. Si esa relación se mantiene baja, existen cada vez más pruebas que demuestran que en este caso se puede mantener a raya a los patógenos oportunistas.

Por lo tanto, para manejar la comunidad microbiana es necesario mantener bajos los aportes de carbono orgánico, o mantener alta la biomasa microbiana presente, o ambas cosas. Se puede controlar el ingreso de carbono orgánico, por ejemplo, aumentando la frecuencia de alimentación con alimentos vivos o con micro-dietas y, por lo tanto, reduciendo los picos de adición de material orgánico. Se debe tener cuidado con la calidad de los concentrados de microalgas ya que pueden liberar carbono para los patógenos oportunistas. Los alimentos vivos, como la artemia, nunca deben congelarse porque ese proceso ocasiona la lixiviación de sustancias que solo favorecen a los microbios no deseados. Después de su eclosión, es mejor almacenar la artemia a temperatura fría, no solo por razones nutricionales, sino también como parte de una estrategia general de manejo microbiano. Por otro lado, la biomasa microbiana en el sistema puede mantenerse alta. Esto se puede hacer en el tanque de cultivo o fuera del tanque de larvas. En este último caso, implementar un sistema de recirculación es una solución obvia, donde se debe tener cuidado de no sobrecargar el sistema. Esto se puede hacer instalando, por ejemplo, fraccionadores de proteínas (protein skimmers), o eligiendo la relación correcta entre el volumen utilizado para cultivar las larvas y el volumen del sistema de tratamiento de agua (sistema de recirculación). Aunque está menos documentado, ofrecer una superficie para que los microbios crezcan en el tanque (con la adición de arcilla) puede ser beneficioso desde una perspectiva microbiológica (pero se debe tener cuidado ya que no todas las larvas de peces y crustáceos pueden sentirse cómodas con el aumento de la turbidez). La arcilla también puede ayudar favoreciendo la agregación de la materia orgánica lo que facilita su precipitación y eliminación del tanque. Finalmente se podría utilizar la técnica del “agua verde”. Las microalgas tienen muchos efectos beneficiosos, pero una posible característica olvidada es su capacidad para crecer de forma mixotrófica consumiendo el carbono del sistema.

Los ejemplos no son de ninguna manera exhaustivos y algunos incluso son especulativos. Simplemente resaltan que hay oportunidades para manejar la composición de la comunidad microbiana en beneficio de las larvas y alejarnos de la idea de que tenemos que "vencer a los microbios".

 

Prof. Dr. lr. Peter Bossier